Volver al origen. Reflexiones sobre agricultura sostenible y autonomía

 

ROBERTO RODRÍGUEZ GARCÍA

Luego de estudiar agricultura tropical en Alemania y llevar a cabo prácticas agrícolas con indígenas venezolanos, mexicanos y campesinos del Japón, laboré en la FAO, en Roma; busqué respuestas a muchas preguntas relacionadas con la soberanía alimentaria y la autonomía de los pueblos, particularmente los de América Latina, y comprendí que son otras razones las que actualmente dominan, distintas a las que generaron la creación de este organismo especializado de la ONU en 1945. Esta constatación me obligó a identificar en la práctica las acciones que limitan y contradicen la función de la FAO:

  • Disipar el hambre en el mundo, más no cambiar las causas que la generan. Aunque dentro de la FAO y en otros organismos de las Naciones Unidas se hacen esfuerzos por recuperar semillas, sistemas tradicionales de producción, alimentos propios y generación de economías locales sostenibles, la mayoría de programas está dirigida a mitigar el hambre. Al repartir alimentos subsidiados o que sobran en países industrializados, solucionan problemas del momento pero destruyen las pocas economías locales que con mucho esfuerzo han construido los pueblos ancestrales y los agricultores de pequeña escala en los países en vías de desarrollo.
  • Ignorar la toxicidad agrícola y la cultura del desecho. Si bien la FAO no es promotora directa de la implementación de enormes plantaciones de palma aceitera africana, caña de azúcar, soja y demás cultivos destinados a alimentar ganado vacuno, a producir combustibles para vehículos e insumos para la industria alimentaria, consiente el monocultivo a nivel global. Esta agricultura agota suelos, seca fuentes de agua, encarece alimentos y genera pobreza.
  • Quien tiene la semilla tiene el alimento y el poder. El oligopolio de las semillas tiene consecuencias muy graves para la seguridad y soberanía alimentarias de la población mundial. Es tal el grado de concentración económica y de poder, que las empresas oligopólicas tienen incidencia en las políticas públicas a nivel global y nacional, lo que repercute en las leyes, los tratados, las instituciones y los propios Estados. Los gobiernos y los organismos de las Naciones Unidas, como la FAO, organizan conferencias, emiten declaraciones y hacen esfuerzos que a la postre resultan discursivos y son ignorados.

¿Qué hacer entonces?

Ante esta realidad nos compete asumir mayores grados de conciencia global y de acción local frente a la profunda crisis humana que está ocurriendo en el planeta, pero muy en particular es responsabilidad de quienes buscamos los cambios en nuestros lugares de origen.

  • Desde el punto de vista económico nos concierne entender que los procesos económicos deben atender las necesidades fundamentales, promoviendo el enfoque de desarrollo local, la reciprocidad, la solidaridad y el bien común por encima del particular. En otras palabras, propender a “la economía del cuidado y del consumo responsable”.
  • Desde la óptica sociopolítica se requiere promover la gobernabilidad, la relación de igualdad y reciprocidad entre el Estado y la sociedad civil, desde una lógica de respeto a la persona, el interés colectivo y la preservación del territorio. Es decir, se trata más del desarrollo de las personas y no sólo de los objetos.
  • Dentro de la dimensión ambiental nos corresponde cuidar la naturaleza como un valor supremo; manejar y usar con cuidado el agua, el suelo, los bosques, las semillas nativas y la biodiversidad. Es necesario recordar y exigir a los países industrializados una lógica creciente de corresponsabilidad, resarcimiento, compensación y cambio de actitudes globales.
  • Desde lo cultural y espiritual es importante conocer, reconocer, rescatar y respetar la memoria histórica de los pueblos con todos sus saberes, tradiciones, valores y cosmovisiones. Asimismo, es necesario educar para superar la visión antropocéntrica dominante, y sustituirla por una de mayor interdependencia con la naturaleza.

¡Volver al origen!

Desde los puntos de vista geográfico, cultural y social, volver al origen consiste en retornar al lugar de partida, en compartir experiencias y construir colectivamente saberes desde la misma gente y desde los mismos ecosistemas productivos. Esas fueron las lecciones de nuestra experiencia, desarrollada en la Diócesis de Choluteca, Honduras, entre 1989 y 1994, con el apoyo de Misereor, a través de la Asociación para la Ayuda al Desarrollo (AGEH por sus siglas en alemán), donde se comprobó que sí es posible generar cambios externos a partir de los internos (Rodríguez y Hesse, 2000). Todo el mundo podría vivir bien y en abundancia si hubiese voluntad política y sentido humanitario.

Otro criterio para mi retorno ha sido la necesidad de demostrar “en pequeño” la posibilidad de articular la agricultura y la ganadería con las necesidades alimentarias de las comunidades, sin destruir los frágiles ecosistemas tropicales. Para ello, familiarmente creamos en 1991 el Centro Agroecológico La Cosmopolitana, con el objetivo de tener argumentos y solvencia propositiva en lo ambiental, productivo y empresarial.

Limitaciones por superar al regresar al origen

Para llegar a la comprensión de un ecosistema tropical es necesario superar la visión fragmentada de flora, fauna, agronomía, y ver la selva amazónica como un bioma, es decir, como un todo. Si esta visión la enfocamos en los sistemas productivos tropicales y subtropicales, observaremos, por ejemplo, que una planta como el cacao, cultivada en un ecosistema simbiótico de vida natural, perdura, mientras que si la extraemos, enferma ymuere.

En Colombia ya ocurrió algo similar con el café. Por huirle a la roya, el Centro de Investigaciones de Café (CENICAFE) desarrolló una variedad de café llamada Colombia. La promoción de esta variedad cultivada sin sombra generó una verdadera hecatombe ambiental, económica y social en el campo cafetero colombiano. Miles de hectáreas de café con sombra fueron taladas y sembradas con pastos y están hoy día convertidas en verdes, apenas utilizados para el pastoreo de vacunos. Por otro lado, se acabaron la biodiversidad alimentaria, el agua, el suelo, la flora y la fauna y la suave brisa que apaciguaba el calor de las cordilleras. Al final, la gente migró los pueblos y ciudades a engrosar los cinturones de miseria.

Caminos que conducen hacia la búsqueda sostenible del origen

  • La búsqueda de la soberanía alimentaria (cómo asegurar y garantizar la comida propia). En el contexto tropical se observó y concluyó que los sistemas agroforestales constituyen la tecnología ancestral más apropiada para la producción y conservación de los ecosistemas tropicales, así como la preservación de las semillas, el alimento y la cultura de los pueblos amazónicos. Este sistema, además de imitar al bosque en su diversidad, integralidad y reciclaje, provee a las familias de alimentos, regulación del calentamiento local, captación del CO2. Como demostración de lo anterior se puede mencionar que, en lo ambiental y productivo, entre 1991 y 2017, La Cosmopolitana pasó, de tener una superficie boscosa del 0,1% al 92% (foto). El nacedero de agua pasó de nueve a 20 litros por segundo. La biodiversidad productiva con revestimiento arbóreo, frutícola, con leguminosas, gramíneas, palmáceas y medicinales, pasó de 17 especies a más de 3350. Asimismo, se pasó de dos especies animales a 16, y de un producto procesado a 37. Como efecto de este proceso regenerativo, la temperatura de la finca bajó de 26° C a 21° C anuales en promedio; la retención de agua en el suelo pasó de 2000 a 5000 litros por hectárea, y la capacidad de absorción del CO2 de 6,3 a 45 toneladas al año. Todo esto para ver que sí es posible aportar sostenibilidad ambiental, soberanía alimentaria, economías sanas, organización empresarial y mitigación del calentamiento global a partir de una finca (Universidad de los Llanos).
  • Búsqueda del desarrollo del talento humano local y regional. Este propósito es clave y esencial en los procesos de desarrollo rural que buscan congruencia e integralidad entre lo material, lo mental y lo espiritual. Con respecto a lo material, es fundamental que la gente priorice el consumo responsable de alimentos sanos así como el procesamiento y la comercialización de productos agrícolas. Se busca también el desarrollo de mentes inquietas, innovadoras y emprendedoras, capaces de buscar soluciones desde las propias instancias locales. La espiritualidad hace referencia a la búsqueda del bien común, al cultivo de valores, al compartir el don de la vida y a ser buenos administradores de talentos y recursos. La anterior búsqueda se ha visto reflejada, por ejemplo, en la cordillera, la altillanura y el piedemonte en los llanos orientales de Colombia, donde Misereor apoya desde 2008 un proceso de desarrollo rural cuyos efectos sistémicos se ven plasmados en más de 455 familias campesinas, 225 hectáreas de sistemas agroforestales establecidos, 21 variedades de cultivos recuperados y 13 empresas familiares organizadas. Dichos hechos demuestran: a) que sí es posible cultivar, comer y vivir bien en terrenos de sabana; b) que los sistemas agroforestales son la tecnología más idónea para lograrlo; c) que la recuperación de la semilla y del alimento tiene mucho que ver con la recuperación de los valores ancestrales y campesinos, y d) que la agricultura es una excelente herramienta reivindicativa de derechos, autonomía, organización y defensa del territorio.
  • Búsqueda de la organización social y la incidencia política. El arte de la agricultura se vuelve una especie de laboratorio in situ que genera las capacidades, habilidades y destrezas necesarias para conocer, organizar y administrar el territorio de una manera más amplia e íntegra. Es más, con la elaboración e implementación del Plan o Diseño de Vida que parte de lo personal hasta lo global, se encuentra en este instrumento uno de los más audaces para consolidar las organizaciones indígenas y campesinas del territorio. Bajo este concepto organizativo y de visiones compartidas se ha venido impulsando desde 2008 la Plataforma de la Amazonía y Orinoquía (PAO), integrada básicamente por proyectos coparte de MISEREOR en estas regiones de Colombia, así como parte de Brasil, Perú y Ecuador. Como efecto de este proceso se ha logrado: a) establecer unas 2300 hectáreas de sistemas agroforestales que han hecho posible la recuperación de semillas, comida y saberes tradicionales; b) incorporar el Aula Viva como metodología de aprendizaje y los Planes de Vida como estrategia de empoderamiento y reivindicación de derechos, y c) conformar un laboratorio de innovación y aprendizaje cuyos métodos, conceptos y estrategias a escala humana tienen influencia en al menos 1800 familias indígenas y campesinas.

A manera de conclusión, recordemos que para regresar al origen debemos olvidarnos de la fácil excusa de que todo nos viene impuesto desde afuera. Y que instituciones como la FAO, en vez de tratar de “modernizar” la agricultura familiar, indígena y campesina, nos ayuden a evitar los monocultivos, la ganaderización y las industrias extractivas, base del ecocidio tropical.

Roberto Rodríguez García
Ingeniero agrónomo con especialización en agricultura internacional del trópico y el subtrópico en la Universidad de Witzenhausen, Alemania. Es director ejecutivo de la Fundación La Cosmopolitana y animador de la Plataforma Amazoronocense (PAO).
robertorodriguez0502@gmail.com

Referencias

  • Rodríguez García, Roberto. 2016. Aula Viva: un escenario estratégico de aprendizaje. En LEISA revista de agroecología 32(1): 23.
  • Rodríguez García, R. y Hesse-Rodríguez, Monika. 2002. Al andar se hace camino: guía metodológica para desencadenar procesos autogestionarios alrededor de experiencias agroecológicas.Colombia: Fundación Sembradores de Esperanza, PODION, Corporación de Servicio a Proyectos de Desarrollo, CELAM.