Nicaragua colocó más lácteos en El Salvador durante 2017

 

Pese al temor y a los retrasos que generó en agosto pasado la entrada en vigencia de nuevas disposiciones para el ingreso de productos lácteos al mercado salvadoreño, el valor de estos envíos a ese mercado cerró el 2017 con un crecimiento del 3.24 por ciento, según reportes del Centro de Trámites de las Exportaciones (Cetrex).

“Afortunadamente las exportaciones no se detuvieron por completo en ningún momento, aunque sí tuvimos mucha presión por la frecuencia con la que se tomaban las muestras en las fronteras, pero después de la reunión bilateral que se celebró a finales de noviembre se lograron varios acuerdos y nuestras plantas retomaron el ritmo de las exportaciones”, dice Óscar López, director ejecutivo de la Cámara Nicaragüense del Sector Lácteo (Canislac).

A partir de agosto El Salvador estableció catorce nuevas medidas para la comercialización de lácteos. “Algunas estaban respaldadas técnicamente para garantizar la inocuidad que es un requisito obligatorio, ya que la calidad es un acuerdo entre el comprador y el vendedor. Había otras que no tenían respaldo, pero logramos que las eliminaran”, asegura López.

Según el Cetrex, el mercado salvadoreño aporta más del 80 por ciento del total de los ingresos que se obtienen por la exportación de queso y del 50 por ciento de la venta de derivados lácteos.

Por eso el temor del sector de que estas disposiciones entorpecieran dicho intercambio y se sumaran a los obstáculos que estos productos enfrentan en otros mercados como el de Honduras, que desde 2016 permanece cerrado para la mayoría de los lácteos locales, dice Álvaro Vargas, presidente de la Federación de Asociaciones Ganaderas de Nicaragua (Faganic).

sector lácteo

Algunas eran válidas

Las catorce medidas anunciadas por el Ministerio de Agricultura y Ganadería de El Salvador incluían, entre otras: el establecimiento de un nuevo sistema de muestreo en las fronteras, especialmente en El Amatillo, por donde ingresan los productos que envía Nicaragua; presentación de certificados oficiales de análisis de laboratorio, sanitarios, libre venta y una serie de nuevos requisitos de embalaje y etiquetado.

De acuerdo con Canislac, lo referido a análisis para avalar la inocuidad se está cumpliendo, ya que al final también es garantía para el vendedor. Pero en el caso de las disposiciones referidas a embalaje y etiquetado, algunas se eliminaron, otras ya se cumplían y para una se solicitó una prórroga y entró en vigencia el 1 de enero.

“Para el tema del empaque del queso al vacío se solicitó una prórroga hasta el 31 de diciembre, pero desde la semana pasada todos los quesos deben llevar una protección para que no tengan contacto con el embalaje, ahora todos los quesos van igual como se mandan a Estados Unidos”, revela López.

Según Canislac, para cumplir este requisito las 28 plantas que exportan queso al mercado salvadoreño tuvieron que adquirir las máquinas empacadoras al vacío y por el tamaño de los quesos que mandan (quesos de cien libras) estas se tuvieron que adecuar.

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No había empacadoras

“Les demostramos que no había de esas máquinas en el mercado y El Salvador nos dio ese mes de prórroga en una reunión bilateral que sostuvimos a finales de noviembre. Ahí también acordamos eliminar algunas medidas que no perseguían objetivos legítimos y que no estaban sustentadas técnicamente”, expone López.

Dentro de las medidas que lograron eliminar están, por ejemplo: el establecimiento de etiquetas para los productos y también la exigencia de que todos los productos tenían que enviarse sobre tarimas o en cajas plásticas, pues los contenedores tienen plataformas sanitarias acondicionadas para llevar productos. Por tanto, según Canislac, obligaba a realizar un gasto adicional.

En la negociación bilateral también se eliminó la pretensión salvadoreña de establecer cuotas de importación, que además están prohibidas dentro del marco de la integración centroamericana.

“Lo que sí se dejó y nosotros lo respaldamos, porque lo establece el reglamento de medidas sanitarias, es lo referido a la capacidad instalada de cada planta. Con esto se garantiza que cada planta solo exporte los volúmenes que según su capacidad instalada puede procesar. Esta regulación se la quería a atribuir El Salvador, pero logramos que la mantuviera el Instituto de Protección y Sanidad Agropecuaria”, sostiene López.

Por su parte, Vargas considera que estas nuevas disposiciones eran únicamente un mecanismo de regulación de mercado, ya que cuando la demanda crece suavizan los requisitos. “Así funciona ese mercado, los requerimientos sanitarios los exigen en función del abastecimiento de queso que requiere su mercado. Lo bueno es que se logró mantener y los requisitos sirvieron para mejorar la inocuidad de los productos”, asegura Vargas.

 

 

LA PRENSA

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