La crisis política está perjudicando la economía

 

Néstor Avendaño

La producción de bienes y servicios de Nicaragua en 2018 será impactada por la crisis política, casi con la misma magnitud de su caída que observamos en 2009 por los efectos de la recesión económica mundial.

En este año, los productores de bienes agropecuarios y manufactureros, y de servicios financieros, comerciales, turísticos y de transporte, registrarán tasas negativas en el comportamiento de sus volúmenes de producción, se estancará la construcción y crecerá la producción de minerales metálicos y de energía eléctrica y agua potable.

Como la economía de Nicaragua es demasiado abierta porque el flujo comercial externo global, exportaciones e importaciones, es mayor que el producto interno bruto, el impacto esperado es un mayor déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos y, consecuentemente, se traducirá en una mayor necesidad de financiamiento externo, a pesar de que la disminución del volumen de las importaciones tiende a ser mayor que la disminución del volumen de las exportaciones.

Debido a la incertidumbre de las familias, la demanda de bienes y servicios de consumo final se ha vuelto más precautoria que transaccional. El gasto de consumo se ha concentrado principalmente en alimentos, medicamentos y productos farmacéuticos, combustibles y servicios de telefonía móvil. Por el lado de la inversión, sólo se distingue la importancia de la construcción pública, ya que la construcción y la adquisición de maquinaria y equipo del sector privado, incluyendo la construcción de viviendas, han caído y, además, en términos generales, los productores han reducido los inventarios de materias primas, productos en proceso y productos terminados.

En este escenario de crisis, las empresas no han perdido su poder de mercado porque no se observan caídas de precios al consumidor para atraer clientes, aunque la tasa de inflación oficial acumulada en este año a junio es menor que la registrada en el mismo lapso del año pasado, pero es mayor que la tasa de aumento salarial del mercado formal acumulada en ese período. Sin embargo, el desplome de las ventas ha provocado el cierre de muchas microempresas y pequeñas empresas y, además, las empresas que continúan operando se han visto forzadas a que los trabajadores tomen sus vacaciones anticipadas.

Con esos desequilibrios macroeconómicos, se prevé la destrucción de un número importante de puestos de trabajo y, en consecuencia, un aumento notable de la tasa de desocupación -desempleo abierto más desempleo equivalente relacionado con el subempleo-. En el segundo semestre de este año, se espera que la tasa de inflación se acelere por el creciente precio internacional del barril de petróleo y, probablemente, por la insuficiente oferta de algunos productos.

Es obvio que con una caída del producto interno bruto también caerá la recaudación de impuestos y se expandirá el déficit fiscal debido a la inflexibilidad del gasto de consumo público. En el afán de contrarrestar la presión deficitaria del presupuesto gubernamental, es muy probable que las autoridades eliminen las exoneraciones y exenciones del impuesto de valor agregado (IVA) a las importaciones de materias primas y maquinaria y equipo de las actividades agropecuarias, pequeña industria manufacturera y pesca artesanal, tal como se previó en Ley de Concertación Tributaria, se revisen los subsidios y se evalúe el resultado de la supervisión de precios de transferencia.

La caída del producto interno bruto, junto con el desplome de la cooperación petrolera de Venezuela observado desde mayo de 2016, también ha fortalecido la presencia de una política monetaria muy restrictiva, cuyo propósito es proteger la posición de las reservas internacionales brutas administradas por el Banco Central de Nicaragua (BCN) y, así, garantizar la estabilidad del tipo de cambio y del índice de precios al consumidor. El menor producto interno bruto también restringirá el otorgamiento de crédito de las entidades financieras al sector privado y es posible que su crecimiento sea nulo en este año.

Las reservas internacionales están presionadas a la baja, por un lado, por la venta de divisas del BCN a las entidades bancarias para que puedan enfrentar los retiros de los depósitos en moneda extranjera y, por otro lado, por el pago de intereses y amortizaciones de la deuda pública externa. Desde enero de este año, el BCN comenzó a colocar Letras con plazos de un día y la mayor parte de las tradicionales subastas semanales de Letras del BCN se coloca en plazos de siete días, catorce día y un mes, lo cual demuestra el nivel de la desconfianza financiera. Adicionalmente, la tasa de encaje efectiva sobre los depósitos en moneda extranjera oscila alrededor del veinte por ciento diario, el doble de la tasa de encaje requerida por la ley.

Con esos instrumentos de regulación de la liquidez, el BCN ha reducido significativamente la base monetaria, cuyo principalmente componente es la emisión de dinero. El BCN, con la venta de dólares, saca córdobas de la circulación; con mayor encaje en moneda extranjera introduce más dólares en sus arcas; y con una mayor tasa de encaje efectivo que el requerido sobre los depósitos en córdobas, que es similar a la de los depósitos en moneda extranjera, también saca más córdobas de circulación. Hasta ahora, el papel de la autoridad monetaria se ha reducido a uno aritmético, el de sumar reservas en el BCN y restar córdobas en el mercado, de tal forma que la brecha entre el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio de venta del dólar en el mercado financiero se mantiene sobre, pero demasiado cerca, del uno por ciento.

Así que estamos inmersos en un nuevo entorno. Con la persistencia de la crisis política y con el escenario económico arriba descrito para finales de este año, es bastante fácil pronosticar que la economía de Nicaragua crecerá a un menor ritmo de su tasa de crecimiento potencial en 2019. Menor producción significa menos inversión, más desempleo, menos consumo, más pobreza, más presión tributaria, más presión inflacionaria, más déficit, más endeudamiento del sector público, menos liquidez. Todo esto sin tomar en cuenta los riesgos económicos externos, tales como la guerra comercial, es decir, la proliferación de aranceles, la revisión del tratado comercial con Estados Unidos y el bloqueo financiero multilateral.

Por todo eso, reitero que la crisis en la política es la que debería preocuparnos y que su solución está en el diálogo, en la mesa del Diálogo Nacional.