La agroecología aún es materia pendiente en Nicaragua

 

Estudio advierte que apoyo estatal debe incluir presupuesto para promoverlo

 Lucydalia Baca Castellón08/01/2018
Agroecología, alimentos

La siembra de hortalizas y legumbres orgánicos es aprendida por los jóvenes y adolescentes en los CEAR de Madriz. LA PRENSA/ W.ARAGÓN

Aunque Nicaragua destaca como uno de los países de América Latina y el Caribe que más promueve las prácticas agroecológicas y que incluso ha creado marco legal que las regula, un reciente estudio advierte que un verdadero compromiso del Estado debe pasar por la asignación de un presupuesto para la aplicación Ley 765, Ley de fomento a la producción agroecológica u orgánica, para evitar que esta dependa de la cooperación internacional.

“Una señal de compromiso del Estado a favor de la agroecología sería la dedicación de un presupuesto para la aplicación de la Ley de fomento (y no solo usar financiamiento externo para aplicar programas en la materia). De no hacerlo, una pregunta queda: ¿hace falta voluntad política para llevar la política adelante?”, dice el estudio Políticas Públicas a Favor de la Agroecología en América Latina y el Caribe, publicado por la Red Políticas Públicas y Desarrollo Rural en América Latina.

La investigación también recuerda que “los desafíos en el desarrollo agropecuario y rural son importantes en temas como pobreza, seguridad alimentaria, contaminación de agua, deforestación, minería a cielo abierto, y otros que, tal vez, son prioritarios en la agenda política”.

La promoción de la agroecología, que según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) es el movimiento social y un conjunto de prácticas agrícolas que buscan consolidarse como una disciplina científica, puede apoyar la seguridad alimentaria y nutricional y al mismo tiempo fomentar la resiliencia y la adaptación al cambio climático.

Promueve sistemas alimentarios más sostenibles

“La agroecología puede contribuir a promover sistemas alimentarios más justos y sostenibles al aplicar conceptos y principios ecológicos en el diseño y manejo de agroecosistemas, para optimizar las interacciones entre los seres humanos y el medioambiente,” asegura Luis Carlos Beduschi, oficial de políticas de la FAO.

El funcionario agrega que esto “contribuye directamente al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), mediante una visión nueva y más compleja de la sostenibilidad económica, social y ambiental”.

Y aunque en Nicaragua se señala la ausencia de recursos estatales para su promoción, el estudio reconoce que “al final existe una formulación de política a favor de la agroecología y de la agricultura orgánica”, mientras en otros países de la región “ni siquiera hay algo que se enuncie de este modo”.

El estudio también reconoce el esfuerzo del Movimiento de Productoras y Productores Agroecológicos y Orgánicos de Nicaragua (Maonic), por incidir en la promoción de la agroecología, particularmente hacia el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA).

“De hecho, ha solicitado la asistencia técnica externa de la FAO para ver cómo el INTA podía promover mejor la agroecología. Esta situación permite reconocer que hay un esfuerzo para entender la agroecología y una cierta voluntad del INTA para promover la misma.

Sin embargo, siguen muchas limitaciones, por ejemplo, que: la mayoría de los técnicos agropecuarios son formados para atender a la agricultura convencional y, sobre todo, el gobierno sigue incentivando el uso de agroquímicos con la ausencia de tasación a su importación”, dice la investigación.

Las prácticas

En Nicaragua, según la investigación Políticas Públicas a Favor de la Agroecología, la aceptación de lo que se reconoce como prácticas agroecológicas varía de acuerdo con los productos y las zonas donde se cultivan.

Incluyen el uso de semillas criollas, cobertura del suelo durante la época seca, uso alternativo de abonos que nos son químicos, sistemas integrales de agroforestería para la producción de café y cacao, sistemas de policultivos indígenas y agrosilvopastoralismo.

LA PRENSA

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