El comercio y el consumo de comida basura de bajo precio, un obstáculo para las dietas saludables

 

12 de septiembre de 2018, Roma – El sistema alimentario globalizado no está proporcionando las dietas que las personas necesitan para llevar una vida sana, sino que contribuye a la obesidad y el sobrepeso, en especial en los países que importan la mayoría de sus alimentos, aseguró hoy el Director General de la FAO, José Graziano da Silva.

“Lamentablemente, los productos y los alimentos baratos industrializados resultan mucho más manejables para el comercio internacional”, advirtió Graziano da Silva, dirigiéndose a los participantes de un taller técnico sobre inocuidad de los alimentos y dietas saludables organizado por la Pontificia Academia de las Ciencias del Vaticano.

El problema está muy extendido en los pequeños Estados insulares en desarrollo del Pacífico, que tienen que importar la mayor parte de sus alimentos, con tasas de obesidad que van desde más del 30 por ciento de la población en Fiji hasta el 80 por ciento entre las mujeres en Samoa Americana. En al menos 10 países insulares del Pacífico, más del 50 por ciento (y en algunos hasta el 90 por ciento) de la población tiene sobrepeso. El consumo excesivo de alimentos industrializados importados con alto contenido de sal, sodio, azúcar y grasas trans es la causa principal de esta situación.

Las estimaciones indican que hoy en día 2 600 millones de personas tienen sobrepeso y que la prevalencia de la obesidad en la población mundial ha aumentado desde el 11,7 por ciento en 2012 al 13,2 por ciento en 2016.

“Si no adoptamos medidas urgentes para detener las crecientes tasas de obesidad, pronto tendremos más personas obesas que subalimentadas en el mundo”, dijo Graziano da Silva. “Hay varios factores subyacentes –añadió- detrás de la pandemia mundial de la obesidad. Las dietas poco saludables son el más importante”.

Apuntó a la mayor disponibilidad y accesibilidad a variedades de alimentos energéticos, con un elevado contenido en grasa, azúcar y sal, cuyas ventas se han visto impulsadas por intensas campañas de mercadotecnia y publicidad.

“La comida rápida y chatarra es el mejor ejemplo. Este tipo de alimentos son más baratos y más fáciles de acceder y preparar que los alimentos frescos, en especial para los pobres en áreas urbanas”, dijo Graziano, y señaló que cuando escasean los recursos para alimentos, la población elige los menos costosos, que a menudo son hipercalóricos y bajos en nutrientes.

Sin embargo, el consumo de estos alimentos baratos tiene un alto costo para la sociedad, ya que la obesidad supone un factor de riesgo para muchas enfermedades no transmisibles, como las dolencias cardíacas, derrames cerebrales, diabetes y algunos tipos de cáncer.

Medidas públicas, conductas del consumidor

“Los países deberían tener leyes que protejan las dietas saludables y locales, y alienten al sector privado a producir alimentos más sanos”, dijo Graziano da Silva. Aquí podrían incluirse impuestos a los alimentos nocivos; un etiquetado claro e informativo de los productos; restricciones de publicidad para los alimentos basura para niños; y, una reducción en los niveles de sal y azúcar utilizados para producir alimentos, o incluso la prohibición del uso de algunos ingredientes, como las grasas trans.

Los gobiernos deberían además alentar la diversificación alimentaria y facilitar el acceso al mercado de productos locales de la agricultura familiar, por ejemplo, con programas de alimentación escolar que vinculen la producción local con los almuerzos escolares, impulsando así la economía local y a la vez que se promueven dietas saludables para los niños.

El Director General de la FAO indicó igualmente que los acuerdos comerciales deben diseñarse de manera que hagan que los alimentos nutritivos locales sean más baratos de producir, mientras se restringe la llegada de alimentos baratos importados con alto contenido en grasas, azúcar y sal.

También hizo hincapié en la importancia de la educación, incluidos los planes de estudios escolares que enseñen a los niños sobre la cocina sana y la elección de alimentos saludables, y un mayor acceso a la información para los consumidores para promover la conciencia de elegir una dieta más sana.

A su vez informó a los participantes sobre dos conferencias internacionales sobre inocuidad alimentaria que tendrán lugar a principios de 2019: una convocada por la Unión Africana, la FAO y la OMS en Addis Abeba; y otra organizada conjuntamente por la FAO la OMS y la OMC sobre inocuidad, normas y comercio alimentario que se celebrará en Ginebra.

El taller desarrollado hoy en el Vaticano contó con participantes gubernamentales, del mundo académico, la sociedad civil e instituciones internacionales.

Citas del encuentro:

Lawrence Haddad, Director Ejecutivo de GAIN:

“Lo que la gente come está en el origen de todas las formas de malnutrición y es la causa principal de las enfermedades. Pero la calidad de la dieta no genera automáticamente un aumento de los ingresos: será necesaria una acción sistémica concertada de gran intensidad para mejorarla. La Alianza Mundial para la Mejora de la Nutrición (GAIN, por sus siglas en inglés) aplaude el liderazgo de la FAO en este ámbito y se enorgullece de ser su socio en esta cuestión de importancia crucial”.

Amare Ayalew, Director de la Asociación para el Control de Aflatoxinas, África:

“La inocuidad alimentaria ha seguido siendo un pilar olvidado de la seguridad alimentaria. La escala y la complejidad de la contaminación por aflatoxinas de los cultivos básicos y comerciales en África ilustran la necesidad de alianzas para lograr un cambio sistémico. El desafío de la inocuidad alimentaria es demasiado grande y demasiado complejo como para dejarlo en manos de un actor individual”.

Jessica Fanzo, Oficial superior de Programas, FAO:

“Hacer inversiones que garanticen que los sistemas y entornos alimentarios proporcionen dietas más saludables e inocuas para todos es un desafío debido a su complejidad y equilibrios, así como al abanico de responsables de las decisiones que perfilan esos sistemas. Por ello deberían contar con las últimas y más rigurosas evidencias cuando formulen las políticas que mejor aborden la manera de orientar unos sistemas alimentarios atentos con la nutrición. En cambio, a menudo trabajan en la oscuridad, con datos limitados sobre lo que funciona para su contexto específico. La FAO trabaja con los países para desvelar mejor las evidencias necesarias para tomar medidas que mejoren la salubridad e inocuidad de las dietas”.

FAO

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