El agro debe generar excedentes para garantizar seguridad alimentaria

 

Encontrar estrategias que permitan transformar la agricultura y la pesca artesanal para que sean más sostenibles y resilientes al cambio climático, y a la vez permitan mejorar los patrones alimenticios de la población, es uno de los grandes retos de los países de América Latina y el Caribe, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (conocida mundialmente como FAO).

Lograrlo frenaría el incremento del hambre, la malnutrición y la obesidad y garantizaría la seguridad alimentaria de la población, principalmente rural.

Durante la 35 Conferencia Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, celebrada la semana pasada en Jamaica, la FAO pidió a los países apoyar las estrategias que permitan alcanzar estos objetivos porque “con el aumento del hambre y la obesidad, la agricultura familiar y la pesca artesanal se vuelven más valiosas que nunca”, ya que “sus alimentos frescos, nutritivos y diversos pueden reemplazar a los alimentos altamente procesados que han invadido la región”.

Según la FAO, el valor económico, social y cultural de la agricultura familiar y la pesca artesanal de América Latina y el Caribe es incalculable porque crean empleo rural, producen alimentos sanos y nutritivos, y dinamizan las economías locales.

Pero “teniendo en cuenta que por la globalización nuestra alimentación ya no depende estrictamente de los alimentos que producimos, la estrategia de seguridad alimentaria no debe pasar únicamente por la producción agrícola y pesquera, sino también por la capacidad de generar excedentes que se transformen en recursos para acceder a los otros alimentos que no se producen pero que también son necesarios, entre ellos sal, aceite, azúcar y otros”, expone Mario Antonio Nayra, coordinador del programa de Agricultura Familiar del Instituto de Investigación y Desarrollo Nitlapan.

Garantizar excedentes

Los excedentes que requiere la población para acceder a estos alimentos que no se obtienen de la agricultura y la pescar, no necesariamente tienen que provenir de la actividad productiva.

“También pueden ser excedentes como resultado de la diversificación de fuentes de ingreso dentro de la unidad familiar. Hoy nos encontramos con agricultores que tienen un doble rol: son obreros asalariados, pero también productores. Entonces debemos empujar hacia una agricultura sostenible, pero también competitiva para generar excedentes”, explica Nayra.

Otra estrategia que, según Nitlapan, debe desarrollarse es el establecimiento de bancos de alimentos y la promoción del consumo de alimentos que se producen en la zona.

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“Porque actualmente la gente no consume lo que produce, por ejemplo en la llamada vía láctea la gente no consume leche y esta es fundamental para la nutrición. También ya no hacen tortillas, prefieren ir a comprarlas a alguien que las hace para vender, tampoco se consumen frescos naturales, la gente prefiere las bebidas embotelladas, es raro lo que está pasando, es un asunto cultural pero también de educación financiera, en qué están invirtiendo su dinero”, cuestiona Nayra.

Y añade que dadas estas circunstancias se tiene que diseñar una estrategia que garantice “producir bien, producir sano y aprovechar los recursos locales, pero también volcar más excedentes al mercado para garantizar la nutrición y seguridad alimentaria de la población rural”, sostiene Nayra.

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Elevar rendimientos

Pese a las condiciones climáticas adversas que enfrentan la agricultura y la pesca, uno de los grandes retos que enfrentan ambos sectores es elevar la productividad, dice Mario Antonio Nayra, coordinador del programa de Agricultura Familiar del Instituto de Investigación y Desarrollo Nitlapan.

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Los huertos caseros también son importantes, pero los serán aún más en la medida que pasen de abastecer al ahogar a volcarse al mercado, para generar excedentes que faciliten a las familias acceder a otros alimentos que no pueden producir, dice Nayra.

LA PRENSA